Aunque la metalurgia del bronce ya se conoce el extremo oriente desde un milenio antes, es en torno a dicha fecha cuando esta aleación de cobre y estaño se comienza a emplear en Mesopotamia. Desde ahí la expansión es lenta pero constante hacia el oeste, de forma que hacia el 2000 AC. el uso del bronce es común en el Mediterráneo oriental. De este milenio datan las primeras referencias al uso de campanas como adorno de carruajes y monturas de guerreros en bajorrelieves de las ciudades persas del periodo.
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Excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en el este de China sacan a la luz conjuntos de hasta 65 campanas (denominados bian-zhong) empleados para la ejecución de melodías. Cada campana, de una geometría muy particular, emite dos tipos de tono musical separados por un intervalo de tercera mayor, dependiendo del punto donde sean golpeadas.
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El matemático griego Pitágoras establece el principio de que “la Naturaleza consiste en armonía que se deriva de los números”. Estudiando los sonidos emitidos por una cuerda vibrante crea la escala diatónica de siete notas que se convierte en un pilar básico de la Música Occidental. Pitágoras nació en la isla griega de Samos y viajó de joven a Egipto y Mesopotamia, lugar este último donde permanecería varios años y en el cual el número siete tendría un gran simbolismo.
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Las primeras menciones al uso litúrgico de las campanas aparecen en los escritos de S. Gregorio de Tours. En el “Liber Ordinum”, libro que recoge el ritual de la Iglesia Hispana (la liturgia de los pobladores visigodos y mozárabes de la península) se menciona repetidas veces su uso.
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El monje benedictino Theophilus Presbyter redacta una serie de textos en latín recogidos bajo el título “Schedula diversarum artium” que contienen detalladas descripciones de muchos oficios medievales relacionados con las artes. Entre ellos aparecen detalladas con meticulosidad las técnicas empleadas para la fabricación de las campanas con las correspondientes proporciones para obtener de ellas sonidos agradables.
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Clemente de Quintana e Isla, primer fundidor con este apellido del que se tiene referencia histórica, instala una campana fundida por él en la torre campanario de la Iglesia Parroquial de Lerga (Navarra). Durante las décadas siguientes es numerosa la referencia escrita a actividades realizadas por él o sus descendientes en distintas localidades de la región.
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